lunes, 13 de octubre de 2008

UNA LEYENDA OCULTA

Managua 27 de Octubre del 2007

En la Ciudad de Managua, en el Reparto El Dorado, del Parque Bill Stihuart media cuadra al Norte, en una casa pequeña de comodidades mínimas, vive solitario don Porfirio Gómez Díaz, hombre que desde sus años mozos hasta su ancianidad dio brillo y gallardía al deporte nacional dentro del ciclismo nacional e internacional; además de los que lo conocen, círculo limitado casi a lo familiar, nadie sabe ni se entienden de él, a sus 82 años de vida está casi en abandono y lo organismos del deporte nacional aparentando ignorar su hazañas lo tienen en el perro olvido.
Don Porfirio Gómez Díaz nació en Managua, dentro de un hogar humilde, su padre fue don José Gómez quien murió a los 72 años, y su madre fue doña Ana Díaz de Gómez quien fue su verdadero apoyo en el andar de sus días. Vino al mudo el 14 de Mayo de 1925; como curioso recuerdo, su madre tenía 50 años de edad cuando lo parió y después tuvo una hija más que ese llama Isabel Gómez, es enfermera y vive en Panamá; desde la edad de poder desenvolverse sólo, comenzó a bregar para llenar sus necesidades y ayudar en lo posible en los gastos de casa, sus primeros centavos se los ganó de ayudante de lo que fuera, el ofrecía sus facultades a los amigos trabajadores oficiales que les fuera menester sus infantiles quehaceres, después se hizo obrero de ferraya y con el tiempo y buscando como ganar un poco regular se especializó en enderezado y pintura de vehículos, lo que además de ser soldador eléctrico y conocedor de otras actividades obreras, fue su verdadero oficio; ya entrado en edad, a los 25 años se inició en la actividad deportiva de la bicicleta, tomó la disciplina con amor y ahínco especial, tal que al poco tiempo de practicar el ejercicio del pedal, el francés don Ronald Najlis, que llegó de Costa Rica a asentarse en este país, organizó en memoria del 14 de Julio, día de la Toma de la Bastilla, la primera carrera en bicicleta en Nicaragua, donde él se llevó su primera medalla coronándose campeón de esa memorable jornada. Se casó con doña Rosaura Moreira con quien tuvo siete hijos, de los que sólo viven cinco, su esposa murió en 1987.

Desde su inicio en el pedal, él ha sido disciplinado en sus diarios entrenamientos, corría todos los días, arrancando a las 5:00 am y haciendo un promedio de 50 kilómetros por jornada; su equipo era deficiente, carecía de la suficiencia económica para suplirse lo necesario y el Estado nunca miró con buenos ojos a ese deporte; carecía de casco y zapatos especiales, su bicicleta era deportiva pero nada especial, las calzonetas eran corrientes de esas que al pedalear mucho, con sus costuras ordinarias llagaban las piernas del atleta y la alimentación y el cuido médico era totalmente ineficiente, fue una cosa de pasión y entrega absoluta a la máquina de dos ruedas.

Participó en infinidades de competencias ciclísticas, fue campeón como doscientas veces con rachas de veinte campeonatos consecutivos. Hizo presencia en carreras internacionales, como corredor activo y como veterano, las presentaciones que más recuerda son las de El Salvador, donde los más mal presentados eran los de Nicaragua; los uniformes que llevaban era hechos por su esposa, sin ninguna técnica, eran calzonetas y camisolas corrientes, nada adecuadas para las exigencias de la actividad del ciclismo. También salió muchas veces acompañando al equipo nacional como entrenador, como técnico, como delegado, como agregado y hasta como mecánico. Los días de su vida, además del tiempo líquido para el trabajo que le proporcionaba la manutención, lo dedicó a su pasión especial por la bicicleta, después del pedal el hacía maratón por asunto de fortalecer bien ciertos músculos de las piernas.

El entrenó con mucha gente, uno de sus especiales compañeros en estas duras lides fue el Dr. Neville Cross Cooper, gran ciclista nacional, de mucha disciplina y entrega al esfuerzo que exige esta disciplina... Don Porfirio cuenta que el Neville nunca le pudo ganar, que hubieron dos ocasiones en que Cross se proclamó ganador, pero que fueron triunfos con sus peros, el primero fue subiendo la Cuesta del Coyol sobre la Carretera Panamericana, él supuso que había llegado a la meta y soltando los manubrios levantó las manos en señas de triunfo, en ese preciso momento, Neville en un gran sprin pasó por su lado coronando la meta que él había equivocado, dice don Porfirio que él tiene hasta foto de ese desgraciado instante; otra vez, fue corriendo sobre la carretera a León, fue en un esfuerzo de velocidad, Neville llegó instantes antes que el cubriera la distancia señalada y, a las muestras de entusiasmo del triunfador, él le dijo: -para ganarme tienes que esperar a tener quince años más de los que tienes, que es en realidad cuando vas a estar en la edad que tengo yo en estos momentos- Don Porfirio cuenta muchas anécdotas deportivas que pasó en compañía del Dr. Cross, no se le olvidan las giras de Managua a Ochomogo, en compañía de Maira, joven ciclista y esposa de Neville, la satisfacción de coronar la subida de Catarina y llegar donde los marimberos, después la entrada a Ochomogo, con una hambre de lobo en ayuna de varios días, pero Maira llevaba siempre una cocinita donde hacía algo que comer y nos dábamos banquetes especiales, el les llama días imposibles de olvidar. Participó en muchos ralis auspiciados por La Casa Cross. En Nicaragua las pistas de más relevancia son: Managua – León, Managua – San Isidro, La Vuelta Grande que es, Managua – Granada – Nandaime – Crucero – Managua, también recuerda como heroico el reto de subir el “topón” de Masachapa. Don Porfirio dice que la Cuesta El Coyol es larga pero tendida, que no es difícil para nadie, que ahí solo sentía dificultad Neville a quien le costaba mucho el completar el recorrido.

Don Porfirio, por influencia de sus hijos, fue a Australia donde los yernos le compraron una magnífica bicicleta con todos los adelantos de las máquinas modernas, él para darle gusto a las hijas estuvo entrenando un poco con la idea de participar en una competencia australiana, pero el mal de patria lo deprimió mucho y al año y medio regresó a Nicaragua donde siguió montado pedaleando hasta la edad de 73 años. En la actualidad está recluido en su casa de habitación, enfermo, con muchas dolencias de las cuales le molesta más el reumatismo que lo tiene andando en andarivel.

El dice que el ciclismo, sin meter el equipo especial que se necesita, desde máquina y enceres, lo principal es un buen entrenador, que a ellos, en su tiempo, le pusieron un entrenador italiano de nombre Nello Bartoch, que nunca había andado en bicicleta pero que por influencias palaciegas y las gestiones de un cura hermano de don Nello, lo nombraron para esa actividad, más bien lo que logró fue desentrenarnos.

En casa de don Porfirio conocimos a otro atleta de grandes glorias pero que también se encuentra en abandono total, el se llama Simeón Alemán López “El Sombrero” Nació en Managua el 28 de Octubre de 1928, anda en los 79 años, en el correr de su vida deportiva donde participó en carretas de maratón y bicicletas dio grandes triunfos al deporte nacional, pero también está olvidado y sin asistencia de ninguna especie; se encontraba en la casa de don Porfirio por que todos los días le llega a acompañar en plan de menguar la soledad de ambos y vivir del recuerdos de sus glorias pasadas. Como acordándose de sus grandes faenas deportivas y reviviendo momentos felices de sus logros, nos dijo: El Coyol comienza en el kilómetro 56 y finaliza en el 66, Ochomogo está en el kilómetro 84 de la carretera a Rivas.

Entre don Porfirio y don Simeón hicieron memoria especial del hambre que les daba la trepada “topón” en la subida a Masachapa, ellos recuerdan que cuando coronaban la cima, sentían un hambre devastadora, que si no se terminaban las ventas de comida del lugar era por falta de dinero.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Definitivamente uno esta tan metido es su mundo que desconoce a quien tiene de vecino, yo vivi 23 años en el Dorado y seguramente mis vecinos famosos como el actual vice alcalde Orochena, la hermana del ex primer comisionado Fernando Caldera y el ladronsuelo de Victor Guerrero todos ellos inclyendome seguramente ni idea tienen de este personaje y me sorprende usted con este articulo.